viernes, 4 de diciembre de 2009

Haces lo que tienes que hacer - Sobre la novela Indignación, de Philip Roth

“Indignación, la palabra más bella en lengua inglesa”, así reza Roth, o mejor el joven Messner, su protagonista en una de sus páginas. Apelando al recurso de lo maravilloso, aquí el joven judío Mark Messner, que acaba de ser expulsado de su pequeña universidad en Winesburg, Ohio, ha recibido una herida mortal en la guerra de Corea. Durante el tiempo que dura el efecto de las ampolletas de morfina, él puede recordar su vida y sobre todo lo que él llama “el primer año de mi virilidad y el último de mi vida”.
Aunque la novela por supuesto es anti-bélica, lo cual se resalta por lo sucedido al protagonista –esto se sabe desde las primeras páginas-, hay mucho más que eso. Su padre le ha dado un saludable consejo que Messner no logra nunca poner en práctica, aun sabiendo que ponerlo en práctica le salvaría la vida. El padre, un carnicero kosher de Newark que sueña con mandar a su hijo a la universidad, le enseña el oficio. Messner hijo recuerda: “Mi tarea consistía no sólo en desplumar los pollos, sino también en eviscerarlos. Les abres un poco el culo, metes la mano, agarras las vísceras y las sacas. Detestaba esa parte, asquerosa y repugnante, pero había que hacerlo. Eso es lo que aprendí de mi padre y lo que me gustó aprender de él: que haces lo que tienes que hacer.”
Para empezar, es un drama sobre el sexo. Messner tiene su primera experiencia sexual, una del tipo poco convencional. Si bien la literatura en general suele presentar el sexo como aquello que siempre está barrado para los personajes, en la literatura de la última década, luego de tanto quehacer pornográfico donde se escindió el afecto de la práctica sexual, el sexo es ahora el territorio del desconcierto. Tanto en la reciente Chesil Beach de Ian McEwan (2007) como en esta Indignación de Roth escrita un año después, el protagonista es un tipo desconcertado ante su propia sexualidad. Ambas novelas están ambientadas en los incipientes y largos ’50 y en ambas los personajes son flamantes veinteañeros. Pero los jóvenes de McEwan no son judíos, ni de estracto social medio bajo, ni acceden a una universidad wasp donde deben asistir obligatoriamente a los servicios religiosos protestantes. Los personajes de McEwan se enojan, los de Roth se rebelan. Al modo del héroe griego que no puede evitar su destino, Messner se niega a participar del culto cristiano. Pero hace algo peor, más incomestible para las autoridades de esa sociedad wasp: se niega a participar no por ser de condición judía, sino por ser ateo. Messner, dice, adhiere a las ideas del filósofo Bertrand Russell cuando escribió el ensayo Por qué no soy cristiano. Que después Russell se haya ganado el Premio Nobel, es totalmente irrelevante para el decano: el cristianismo es la fuerza de cohesión en Occidente y quien lo refute lo deja a él sin cuidado: con lo cual Roth parece decir: “No sean crédulos: la literatura nunca cambiará al mundo y menos la mente de un conservador”. En la universidad de Winesburg –en la ficción- se respetarán las normas y el cristianismo bien entendido es una norma moral. Conclusión: Messner sale eyectado del claustro universitario a Corea y guay con atreverse a acusar de antisemita al decano.
Otra voces dialogan con Roth en la construcción de Indignación. Para esta pueblerina universida de Winesburg, en el Estado de Ohio, tal vez Philip Roth se haya inspirado en la novela o librito del mismo nombre publicado en 1919 Winesburg, Ohio de Sherwood Anderson, pilar de la novelística americana y que influyó a Hemingway y a Faulkner. Anderson pintó en el libro, a través de cuentitos desmañados sobre distintos personajes, la vida de todo un pueblo del Medio Oeste, que, si debiéramos hacer la traducción a nuestro tiempo diríamos que era una especie de Springfield, tierra de Homero Simpson y familia. La otra voz es sin duda la del Holden Caufield de Salinger, quien también se niega a vivir la estupidez y el infantilismo de la vida universitaria propuesta por el sistema educativo estadounidense y se marcha dando un portazo. Holden también termina su novela tendido en la cama, derrumbado, pero debido a una postración nerviosa. El cazador oculto fue publicado en Estados Unidos en 1951, el único año de vida académica del joven Mark Messner, ya que en 1952 estará muerto. La amada de Mark sufrirá también ese mismo año un colapso nervioso. Todos aquí, los Holden y los Messner, son títeres desgarrados de la gran conquista bélica de un imperio en crecimiento. Salinger cuenta una y otra vez en sus primeros libros la destrucción de la familia por la pérdida o la locura de uno de sus miembros durante la Segunda Guerra Mundial; también en este libro de Roth hay primos veinteañeros muertos en servicio. Un pensamiento del cuño de Roth: en la guerra no hay muertes honorables. Mark Messner solía temer “ser enviado a Corea a que me maten”: la guerra es un gran pelotón de fusilamiento de los tontos y los débiles, porque los otros, los astutos y los fuertes, no pierden su tiempo allí. La frutilla de la torta de esta novela que dialoga con producciones literarias anglosajonas, aunque no se parece a ninguna de todas ellas, es una irrupción de violencia juvenil dentro de la facultad, cosa que está hoy tan a la orden del día por aquellos lares.
Philip Roth tiene treinta y dos libros publicados entre ensayos y narrativa. Es tal vez el autor más premiado de su generación (cuenta con un Pulitzer, cuatro Book National Award, varios Pen Club y como si fuera poco es doctor honoris causa de la Universidad de Harvard). Indignación es una espléndida muestra de su obra. El la calificó como un cuento largo e hizo cargo a sus editores de considerarla una novela. Sea como fuera, este texto tiene la solidez y el brillo de una perla. No toda la producción de Roth ha sido aun traducida al castellano y algunos libros suyos son actualmente inconseguibles. Roth suele quejarse en las entrevistas de cuánto le cuesta escribir y comenzar un libro. Sin embargo, el próximo ya está escrito y anunciado. Se trata de The Humbling que saldrá a la venta en tapa dura en noviembre del 2009 en los Estados Unidos, pero que de así quererlo, los fanáticos pueden comprarlo YA por Internet, pidiéndolo a la Philip Roth Society (http://orgs.tamu-commerce.edu/rothsoc/index.htm). Los demás, tendremos que esperar un poco, para verlo traducido al español.

Publicado en la Revista QUID. Invierno de 2009

1 comentarios:

  1. llegué. Espero que no se me escape el camaleón.

    (si colocamos un camaleón sobre un tablero de ajedrez ¿aprenderá ruso?)

    Andrés Sobico

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