viernes 4 de diciembre de 2009

Tipos como él. Sobre Dominique Fabré

La editorial rosarina Beatriz Viterbo publicó por fin la segunda novela en castellano de Dominique Fabré (Francia, 1960), Tipos como yo. La anterior había sido La mesera era nueva (2006) y contaba la historia de un mozo de café de Asniéres, en las afueras de París. Aquí, el asunto es muy diferente. Un cincuentón, que se siente a sí mismo más viejo de lo que es, se pregunta si su vida “ya fue”, si un hombre como él tiene aun un futuro posible. Es un oficinista del montón, divorciado y con un hijo de veinte años. No hizo el duelo de su matrimonio demasiado bien y tampoco perdona a su esposa cómo planteó la ruptura: él ha salido derrotado en la guerra conyugal. La sensación de derrota es la que invade todo su pensamiento, como una depresión crónica. Sin embargo, el protagonista no se dá por vencido. Para empezar, tiene dos amigos de la infancia a los que frecuenta: Jean y Marc y ambos son polos opuestos. El perdedor que no puede siquiera sostener un trabajo y queda enredado en las telarañas del pasado, y el que ha podido reconstruir una vida, una familia, a pesar de todo. Para el protagonista de esta novela, salir adelante es hacer a un lado la soledad. Apenas si entera al lector de que sólo ha tenido una relación amorosa desde que rompió con su esposa, y que, de hecho, hace dos años que no hace el amor. Por eso, en su búsqueda del amor chatea en páginas de encuentros hasta dar con Marie, bajo el nickname de Myosotis, una mujer que comienza a convertirse en su compañera.
Durante todo este viaje de ‘regreso a la vida’, él utiliza como ‘memento mori’ un cuento de Scott Fitzgerald, aquel del hombre que pregunta: “¿Le molesto si bajo la persiana?”. De hecho, el libro tiene un tono que recuerda al Crack-up de Fitzgerald, autor al que Fabré conoce muy bien ya que enseña literatura norteamericana en la universidad. Los tipos como yo son los tipos comunes y corrientes, todos con los mismos hábitos, de la misma franja etaria y más o menos el mismo estado civil.
El sueño del protagonista es muy pequeño: comprarse una motoneta para salir a dar vueltas como hacen en la película Caro Diario de Nanni Moretti. La escritura calma, pausada e intimista de Fabré es un prodigio literario, dado que aunque no cuenta nada espectacular, ni crímenes ni gángsters ni sexo duro, atrapa totalmente al lector con el devenir de los deseos de ese tipo como yo. Alguna vez, Paul Auster declaró que una novela es una música constante, tiene su propia música y ésta es la voz del narrador –por lo general. Maestros declarados en este sentido es Tabucchi que en Sostiene Pereira el lector parece oír al narrador hablando del imperioso Pereira. Sin duda, Fabré pertenece a una red de narradores europeos actuales como podría ser Patrick Modiano o el italiano Ermanno Cavazzoni, donde la escritura se complace en el relato del detalle íntimo, afectivo, y por eso mismo movilizador.
Un acierto absoluto de las editoras, es el estilo elegido para la traducción –hecha por Adriana Astutti, también editora de Beatriz Viterbo-: neutro, pero lo suficientemente argentino en la elección de algunos términos y giros –pucho, la cola en el mercadito, la compu, etc.-, como para sentirse uno también un tipo como yo. Dominique Fabre ya ha escrito nueve novelas, cuyos protagonistas son seres un poco al costado del tejido social, pero que no puede decirse que sean marginales. Un detalle muy a propósito para los que quieran leer su obra en francés, es que no deben confundir al autor de Los tipos como yo con su homónimo, guionista de cine y escritor de novelas policiales, también francés. No obstante, para los no francoparlantes, es de desear pronto que puedan leerse sus novelas en español. Y cuando un lector dice que quiere verlas pronto movido por su entusiasmo, quiere decir mañana mismo.

Publicado en el Diario Crítica el 29-11-09

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